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El fundamento declarado de la visión a 10 años es «la oración y el ayuno».

“Lo difícil viene ahora. Lo difícil es la oración”, dijo mi amigo, refiriéndose al plan de 10 años de la ICR. Compartió lo emocionado que estaba tras la decisión del sínodo sobre la multiplicación de discípulos en la ICR. Habló con su grupo de varones. Y con el concilio. Y con un equipo de educación. La gente fue cortés, pero, en su mayoría, el gran plan provocó miradas perdidas y una gran decepción. ¡Después de todo, nuestras necesidades son enormes! ¿Es esta visión demasiado ambiciosa? ¿Por dónde empezar siquiera?

Oración.

«Cuando Dios tiene algo grandioso que llevar a cabo para su iglesia, es su voluntad que ello vaya precedido de la oración extraordinaria de su pueblo», escribió Jonathan Edwards.

La oración precedió las obras de Dios en el libro de Hechos: antes del primer Pentecostés, antes de que el Espíritu Santo fuera derramado sobre los samaritanos, antes del Pentecostés de los gentiles y antes del envío de misioneros. La oración está presente en toda la historia de la iglesia primitiva, ¡33 veces, para ser exactos!

El movimiento misionero moderno comenzó en 1727 con una reunión de oración ininterrumpida de 100 años (sí, las 24 horas del día, los 7 días de la semana) en una iglesia rural alemana. El primer Gran Despertar, el Avivamiento de Oración de 1857, los avivamientos coreanos de 1903 a 1907 y lo que está sucediendo en China en la actualidad demuestran que la oración extraordinaria precede al avivamiento.

El fundamento declarado de la visión a 10 años es «la oración y el ayuno». Esta visión reconoce la necesidad de humillarnos y de honrar a Dios con grandes peticiones.

Confesamos cuán pequeños somos ante verdades como: «¡No sabemos qué hacer! Pero en ti hemos puesto nuestra esperanza»; «Porque no fue su espada la que conquistó la tierra ni fue su brazo el que les dio la victoria: fue tu brazo, tu mano derecha; fue la luz de tu rostro, porque tú los amabas.»; y: «separados de mí no pueden ustedes hacer nada.» (2 Crón. 20:12; Sal. 44:3; Juan 15:5).

Cuando mi amigo dijo que la oración es «la parte difícil», creo que es porque la oración reconoce esta pequeñez —que no somos suficientes— e invita a Dios a transformarnos.

La visión a 10 años también nos invita a orar a lo grande.

Cuenta la leyenda que un general de Alejandro Magno le pidió a Alejandro que financiara la boda de su hija. Pero el tesorero real se opuso ante la astronómica suma: «¡Sería el evento más caro que jamás haya visto Grecia!»

Pero Alejandro dijo: «Mi general me honra. Cree que soy lo suficientemente rico como para satisfacer su petición y lo suficientemente generoso como para concedérsela. Procedan».

La historia se hace eco de unas estrofas de un himno menos conocido de John Newton: «Vienes ante un Rey. Trae contigo grandes peticiones. Porque su gracia y su poder son tales que nadie puede pedir jamás demasiado» («Come My Soul, Thy Suit Prepare»).

Nuestro Dios puede hacer «mucho más de lo que pedimos o imaginamos». Pero tenemos que pedirlo.

¿Qué pasaría si en cada congregación de la ICR se designara a dos personas para que oraran todos los días por el «gran reto» de nuestro plan de 10 años?

¿Y si, durante cada servicio dominical y en cada reunión del clasis de otoño, se reservara un tiempo para orar a Dios para que actúe en nuestra denominación?

¿Y si dejara de leer este artículo para programar una alarma en su celular a las 10:02, de modo que a esa hora todos los días pudiera orar Lucas 10:02 («pidan al Señor de la cosecha») por la ICR?

¿Qué pasaría si cada pastor guiara a su congregación hacia una oración más colectiva y llena de esperanza? Se dice: «El pastor que no ora está perdiendo el tiempo. Ninguna iglesia es más grande que su vida de oración».

Sí, orar es difícil. La visión es abrumadora. Es más grande que nuestra capacidad, más grande que nuestros recursos—pero no más grande que nuestro Dios

Oremos.

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