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Nadie puede negar el valor del aprendizaje continuo en nuestra vida y ministerio, pero, curiosamente, a menudo lo pasamos por alto.

Nadie puede negar el valor del aprendizaje continuo en nuestra vida y ministerio, pero, curiosamente, a menudo lo pasamos por alto. Durante 12 años fui misionero de la Misión Mundial Resonar en Haití. Recuerdo que al principio de mi ministerio misionero me sentía muy cansado. Había aprendido un nuevo idioma, había conocido a un nuevo grupo de líderes haitianos y al personal de la misión, y había superado algunas enfermedades graves y desafíos familiares. Parecía estar preparado para iniciar un período de labor evangélica fructífera. Aunque por fuera las cosas iban bien, por dentro mi energía y mi compromiso estaban disminuyendo. 

Con el tiempo me di cuenta de que había caído en una rutina ministerial, y lo que extrañaba era la disciplina del aprendizaje continuo. Una persona sabia escribió alguna vez: "Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia. Porque ella es de más provecho que la plata y rinde más ganancias que el oro." (Prov. 3:13-14). Una de las formas en que Dios nos da sabiduría y entendimiento es a través del aprendizaje continuo que se da a través de las relaciones de mentoría intencionales entre pares: "El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre." (Prov. 27:17). 

Dos compañeros misioneros y yo creamos un grupo de mentoría entre pares y comenzamos a reunirnos con regularidad. Aprendí que podía compartir todas mis alegrías y penas de forma confidencial con mis compañeros mentores y recibir sus oraciones. Reflexionamos sobre los retos ministeriales comunes con los que todos estábamos luchando. Nos rendimos cuentas mutuamente para ser los padres y esposos que Dios deseaba que fuéramos. Elegimos libros para leer y discutir juntos. 

Las ideas y entendimiento, y el aprendizaje que obtuve de mi grupo de mentores fueron para mí como manantiales de agua nutritiva para el alma. Los desafíos de la vida y el ministerio en Haití nunca disminuyeron, pero experimenté aprendizaje y crecimiento, tanto intelectual como espiritual. 

Las historias que leerá este mes en Nuestro Ministerio Compartido reflejan las bendiciones que la gente reformada cristiana está experimentando a través del aprendizaje entre pares y de cohortes. Algunos de los mejores servicios ofrecidos por las agencias y ministerios de la ICR ayudan a las congregaciones con ideas y modelos de aprendizaje entre pares y cohortes. 

Tal vez muchos de ustedes ya hayan experimentado las bendiciones del aprendizaje entre pares y cohortes a través del ministerio de grupos pequeños. Tal vez cuenten con un buen amigo o amigos que sirven como un grupo de mentores para ustedes. Cualquiera que sea el caso, estoy seguro de que darían testimonio del impacto que esto ha tenido en sus vidas y ministerios. 

A nivel mundial, nos encontramos en un punto de inflexión en la historia del cristianismo. En el Occidente, las iglesias están perdiendo o han perdido su influencia cultural. En otras partes del mundo, la iglesia y su influencia se están expandiendo rápidamente. 

Nuestras sociedades están cambiando a la velocidad de Internet. Nuestros vecindarios se están diversificando a través de la inmigración y la migración. Los supuestos sociales y culturales que han existido durante siglos se están desmoronando. Si alguna vez existió un momento en el cuál debemos buscar y seguir la sabiduría de Dios, es hoy. 

A través de la mentoría entre pares y el aprendizaje en grupo, Dios puede abrir nuestras mentes a formas fieles e innovadoras de pensar sobre la vida y el ministerio cristiano. Creo que Cristo está llamando a la gente de la ICR a dejar atrás la ansiedad en cuanto a estos cambios y a aprovechar la oportunidad que estos cambios ofrecen para la misión. Aprender juntos es una forma de ser fieles a ese llamado. 

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