Asumiendo la nueva normalidad en la iglesia

Está claro que somos llamados a servir a todos en nuestra comunidad, sin embargo, en nuestra nueva realidad de COVID, puede resultar complejo y desafiante averiguar cómo cumplir con este mandamiento.

Vamos por el tercer año de enfrentarnos a las realidades del COVID. La iglesia, como muchas otras cosas en nuestra sociedad, ha cambiado como consecuencia de ello. Después de vernos obligados a adaptarnos durante el aislamiento impuesto por COVID, muchas congregaciones se han dado cuenta de que pueden ampliar su alcance y ampliar el ministerio que realizan si siguen incorporando las lecciones aprendidas al emprender sus labores de modo virtual.

Si bien la iglesia en línea tiene sus inconvenientes, también ha proporcionado una vía de acceso al culto a personas nuevas que se sentían demasiado intimidadas como para acudir en persona, a quienes lidian con ansiedad al estar en grupos grandes, a quienes cuentan con limitaciones de movilidad o carecen de medios de transporte, y a muchos otros. Si bien es cierto que se paga un precio al no estar físicamente reunidos para el culto, también se reciben beneficios al hacer que el culto sea más accesible para estos otros grupos. En lugar de volver a la vida como existía antes de COVID, muchas congregaciones están incorporando y viviendo una "nueva normalidad", un futuro que incluye tanto el ministerio virtual como el presencial. 

En esta edición leerá otras historias sobre cómo los ministerios reformados cristianos están ayudando a las congregaciones a pensar en cómo servir, cuidar y acoger a todos sus miembros. Esto incluye la formación espiritual de personas de todas las edades, el levantamiento y formación de defensores de discapacitados y el apoyo al desarrollo de habilidades de liderazgo para mujeres dentro de una variedad de funciones en las congregaciones.

Lo que más aprecio de estas historias es que nos recuerdan que la iglesia es para todos. Estoy seguro de que, al reflexionar sobre los muchos mandamientos de Cristo, se les vienen inmediatamente a la mente sus palabras sobre los niños y los más vulnerables:

Jesús dijo: “Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos”. (Mt. 19:14)

Y, además, en el mismo evangelio según Mateo, Jesús expone su amor por los que están lejos y establece la expectativa de que nosotros, sus discípulos, mostremos el mismo amor por reverencia a él:

“Ellos también le contestarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, o como forastero, o necesitado de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?’

“Él les responderá: ‘Les aseguro que todo lo que no hicieron por el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron por mí’” (Mt. 25:45).

Está claro que somos llamados a servir a todos en nuestra comunidad, sin embargo, en nuestra nueva realidad de COVID, puede resultar complejo y desafiante averiguar cómo cumplir con este mandamiento. Ciertamente ha sido agotador para nuestros pastores y líderes que han estado al frente de la adaptación durante el COVID. Sin embargo, sabemos que no es demasiado difícil para nuestro Señor, de quien dependemos. Estos tiempos difíciles exigen una dependencia cada vez mayor de él.

Recientemente comencé un tiempo de oración semanal con pastores, alternando entre representantes de varias clasis, y hemos estado orando al ritmo del Padre Nuestro usando dos pasajes:

Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca. No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. (Fil. 4:4-7).

“No ruego solo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí” (Juan 17:20-23).

Estos versículos nos recuerdan que estamos llamados a depositar nuestras ansiedades y tensiones en Cristo, el único que fue capaz de soportarlas perfectamente y sigue haciéndolo hoy.

Mi oración por todos nosotros es que lleguemos a conocer la verdad que es el evangelio de Cristo. Esto incluye recordar las parábolas mientras nos esforzamos por ser buenos samaritanos, tendiendo la mano a los necesitados y alimentando a los hambrientos. Para nosotros como líderes, pido que mientras sintamos el peso de las crecientes tensiones del liderazgo, que podamos depender de Dios y buscar la soledad con Cristo como nuestro Señor a lo largo de nuestro camino.

¡A Dios sea la gloria!

About the Author

Colin P. Watson Sr. is the executive director of the CRCNA. He is a member of Madison Square Christian Reformed Church in Grand Rapids, Mich.

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