Editorial

Mission en 3-D

Hace 10 años atrás, un artista dibujó una caricatura de mis dos hijas mayores. Las caricaturas, por definición, exageran ciertas características llamativas para dar un sentido cómico. Así que, a pesar de que usted todavía puede reconocer a mis hijas en ese retrato, la caricatura no puede capturar cómo verdaderamente se ven en la vida tridimensional.

Me pregunto si los cristianos cometen el mismo error con relación a la misión de Dios. Nuestras discrepancias sobre cómo unirnos a la misión de Dios, a menudo parecen surgir de nuestras exageraciones de esas diferentes dimensiones de la misión. Afortunadamente, estas caricaturas no niegan la misión de Dios. Pero sí crean conflicto innecesario y división que dificultan la efectividad misionera.

Imaginémonos la misión de Dios como teniendo tres dimensiones: comunión, comunidad y mancomunidad.

Comunión es la dimensión que pone énfasis en Dios reconciliando a la humanidad consigo mismo a través de la obra de Cristo en la cruz (2 Cor.5:17-20; Col.1:21-23). Los cristianos son comisionados como embajadores de Cristo de esta reconciliación, a fin de traer de vuelta a la gente hacia la comunión o amistad con nuestro Dios. Aquellos que ponen énfasis en el evangelismo personal están más en casa con esta dimensión de la misión de Dios. Nos hacen recordar que los cristianos nunca deben perder de vista esta vocación.

La reconciliación con Dios, sin embargo, es inseparable de la reconciliación con los demás, tal como el estudio sinodal God’s Diverse and Unified Family nos recuerda. En Cristo Jesús, Dios ha “derribado la barrera, el muro de enemistad” entre judíos y gentiles (Efe. 2:13-18). El tema para nosotros es claro: Si Dios mismo quitó la única división que había hecho alguna vez dentro de la familia humana [judíos y gentiles], cuánto más han sido quitadas todas las otras divisiones hechas por el hombre dentro de la familia humana” (God’s Diverse and Unified Family, 19-20). Los cristianos que hacen hincapié en el activismo social y la obra de justicia ven correctamente esta dimensión de creación de comunidad como una parte indispensable de la misión de Dios.

Tercero, Dios a través de Cristo está reconciliando “consigo mismo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como la que están en el cielo” hacia un tipo de mancomunidad cósmica (Col.1:20). Jesús es el Señor de señores sobre todas las cosas “visibles e invisibles, sean tronos, poderes, principados o autoridades (Col.1:16). Nuestra tradición Reformada ha puesto énfasis en esta dimensión, demostrado en nuestra inclinación por una educación cristiana superior y las instituciones. Esta dimensión de mancomunidad es célebremente plasmada en el mantra de Abraham Kuyper, “cada pulgada cuadrada”. El cuidado de la creación y la redención de nuestras instituciones culturales y patrones de pensamiento son también parte de la misión de Dios. 

Los conflictos surgen cuando dejamos de reconocer la importancia o validez de cada dimensión. En vez de trabajar conjuntamente, discutimos sobre nuestros conceptos diferentes de la misión de Dios. No deseo que la Iglesia Cristiana Reformada reduzca el evangelio al tan llamado “evangelio social”. Tampoco quiero limitar el reino cósmico de Cristo solo para “salvar almas”. Ciertamente espero que no perdamos los dones y fortalezas de nuestra herencia intelectual e institucional.

Para una misión plenamente efectiva, yo creo que necesitamos las tres dimensiones. Para adaptar la parábola del sembrador (Mat.13:1-23), sin la siembra de las semillas de comunión  ciertamente no puede haber vida espiritual. Pero la tarea de crear condiciones para la buena tierra, creando comunidades justas y amorosas, estableciendo una mancomunidad de ideas e instituciones para glorificar a Dios, solo puede aumentar la probabilidad de fecundidad espiritual. Podemos reducir los impedimentos potenciales para el crecimiento espiritual: los lugares rocosos de comunidades quebrantadas, las espinas de injusticia y desigualdad, y las aves de cosmovisiones hostiles que impiden el entendimiento de la Palabra de Dios. Si trabajamos juntos en vez de estar unos contra  otros, ¿no crecerá nuestra efectividad misionera?

Oro para que podamos ver más allá de nuestras caricaturas favoritas de la misión de Dios y juntos abracemos nuestra misión tridimensional compartida.

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